
(2 Crónicas 20.5-6 RVC)
Frente a cualquier desafío, celebremos cómo Dios ha sido fiel en el pasado, y confiemos plenamente en su ayuda en el presente. 2 Crónicas 20.1-13.
La alabanza es una celebración del Señor, pero en medio de las dificultades, celebrar puede parecer inapropiado. En el pasaje de hoy, Josafat enfrentó su situación alabando las obras y la fidelidad de Dios, y recordando sus promesas. Si actuamos de igual manera, podremos avanzar con valentía, como lo hizo él.
La respuesta natural ante tiempos difíciles suele ser la autocompasión, y recordar los detalles solo aumenta la sensación de amenaza. La alabanza, en cambio, dirige nuestra atención a Dios. Al mirarlo, reconocemos su soberanía: cada prueba ocurre bajo su permiso, y Él, en su fidelidad, nos ayudará a salir adelante.
Recordar las poderosas obras del Señor y enfocarnos en su soberanía en la vida diaria nos recuerda nuestra dependencia de Él (2 Cr 20.7-12).
El rey esperaba que Dios interviniera porque la historia registrada mostraba que Él siempre actuaba para socorrer a su pueblo. El reconocimiento de Israel de su propia impotencia fue lo que trajo la liberación divina.
Cuanto más leemos y estudiamos, mejor entendemos los muchos atributos y garantías de Dios. Entonces, cuando llegue la dificultad podremos celebrar su fidelidad a los cristianos en el pasado mientras esperamos su ayuda prometida. Su hermano y servidor en Cristo Jesús…Félix Ruiz Rivera.
COMPAÑERO ENTRAÑABLE
Los dos iban tristes por el camino conversando y discutiendo. En esas estaban cuando se les apareció Jesús y “se puso a caminar a su lado” (24:15). Les hizo preguntas, se entrometió en sus discusiones y simuló no saber lo que había pasado (24:19). Es el caminante entrañable que va a nuestro lado, aunque, a veces, lo reconozcamos tarde.
LUCAS 24:13-35 (Biblia Hispanoamericana Traducción Interconfesional).
“Ese mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, distante unos once kilómetros de Jerusalén. Mientras iban hablando de los recientes acontecimientos, conversando y discutiendo entre ellos, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero tenían los ojos tan ofuscados que no lo reconocieron.
Entonces Jesús les preguntó: — ¿Qué es eso que discuten mientras van de camino? Se detuvieron con el semblante ensombrecido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: — Seguramente tú eres el único en toda Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días. Él preguntó: — ¿Pues qué ha pasado? Le dijeron: — Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo.
Los jefes de nuestros sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él iba a ser el libertador de Israel, pero ya han pasado tres días desde que sucedió todo esto. Verdad es que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro y, al no encontrar su cuerpo, volvieron diciendo que también se les habían aparecido unos ángeles y les habían dicho que él está vivo.
Algunos de los nuestros acudieron después al sepulcro y lo encontraron todo tal y como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron. Jesús, entonces, les dijo: — ¡Qué lentos son ustedes para comprender y cuánto les cuesta creer lo dicho por los profetas!”

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Fe y Desarrollo de World Vision en América Latina y El Caribe y autor de varios libros. Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.














