La Misión de Dios, La Misión de Las Iglesias Bautistas de Guatemala

La misión de Dios fue el tema central de mis exposiciones de estos tres días en la Asamblea anual, y la Biblia fue, es y será nuestro libro de texto, nuestra fuente y autoridad, no un sistema teológico particular.

¡La palabra «misión» no aparece en la Biblia! No es una de esas grandes palabras bíblicas como, por ejemplo, “fe”, “salvación” o “justicia”. Entonces, ¿qué sentido tiene intentar encontrar una comprensión bíblica de la misión? La palabra «Trinidad» tampoco está en la Biblia. Y, sin embargo, la Biblia nos revela con toda claridad al Dios que conocemos como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tenemos todo el derecho a hablar de una comprensión bíblica de la Trinidad, aunque la palabra en sí no haya sido dicha ni escrita por ningún autor bíblico.

De igual modo, aunque la palabra «misión» no esté en la Biblia, la Biblia revela claramente al Dios que impulsa toda la historia del universo con un sentido de propósito divino y destino final, quien también llama a la existencia a un pueblo que participa de esa misión divina, un pueblo con una identidad y un papel dentro del plan de Dios.

Y así es como uso la palabra «misión» en estas exposiciones, y también por eso llevo usándola al menos 15 años en el ministerio Misional y Simple. Reconozco que el término «misión» es muy controvertido. Por supuesto, hay quienes detestan el cristianismo por completo debido a su «celo misionero», que incluye el proselitismo agresivo y la conversión de personas de otras religiones. Sin embargo, recientemente, algunos dentro de la confesión cristiana evangélica, cuestionan el uso continuado del término. Esto se debe a varias razones, no sólo a que no sea una palabra bíblica.

El término no se usaba en los primeros siglos de la iglesia, aunque ciertamente realizaban lo que hoy llamaríamos «misión», en el sentido de dar testimonio de su fe, en palabra y obra, y difundir la buena noticia de la salvación mediante la fe en Cristo a nuevos pueblos.

Debemos admitir que la palabra “misión” tiene muchas connotaciones negativas derivadas del lado oscuro de los esfuerzos misioneros cristianos en siglos posteriores (colonialismo e imperialismo de países europeos en Asia, África y América Latina). Por ejemplo, la conquista española con su leyenda negra (Juan Ginés de Sepúlveda) y su leyenda dorada (Fray Bartolomé de las Casas).

En tiempos más recientes el adjetivo «misional» (en inglés tiene un poco más de 100 años de uso, mientras que, en español, unos treinta o cuarenta) se ha aplicado de tantas maneras como una especie de palabra de moda que puede diluirse casi hasta la insignificancia. Aun reconociendo todas estas deficiencias, sigo siendo un firme defensor del término «misión» (y sus derivados), siempre y cuando nos esforcemos por explicar con claridad qué significa y qué no.

En el uso general, la palabra «misión» puede tener un sentido amplio o uno más específico. Puede referirse al objetivo principal de un proyecto o empresa. Por ello, muchas organizaciones cuentan con «declaraciones de misión», en las que exponen lo que consideran su razón de ser y su objetivo principal.

Hay cadenas de restaurantes publicando sus declaraciones de misión, cuando cabría pensar que la misión de un restaurante (su razón de ser) dentro del vasto panorama de las actividades humanas es bastante obvia “preparar alimentos para venderlos a sus clientes”. Pero dentro de ese sentido amplio, también pueden existir muchas «misiones» más específicas; es decir, objetivos y acciones concretos que contribuyen de diversas maneras a lo largo del tiempo al logro de una misión general.

Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, los Aliados tenían una misión global (su objetivo bélico): derrotar a la Alemania nazi y liberar a los pueblos sometidos a la dominación nazi. Pero dentro de esa misión aliada general, se llevaron a cabo miles de «misiones» a distintos niveles, por parte de las fuerzas armadas, los servicios secretos, los agentes de espionaje y otros, todas ellas alineadas y justificadas por la única misión general: la victoria. La misión declarada del gobierno británico y sus aliados (derrotar al nazismo) requería la movilización y participación de su población en múltiples misiones de diversa índole.

En esta analogía, la Biblia es una declaración de la única misión general de Dios: librar a toda su creación del mal y formar para sí un pueblo redimido de entre toda tribu y nación de la humanidad, como pueblo de la nueva creación.

Esta misión declarada del Dios que gobierna el universo exige la movilización y participación de su pueblo en múltiples culturas y épocas históricas, en diversas misiones de toda índole. La misión y las misiones del pueblo de Dios emanan de la misión de Dios y participan de ella.

La misión es de Dios, fluye del amoroso corazón de Dios hacia su creación entera y nos invita a participar en ella. El plan y el propósito de Dios rigen los nuestros. O al menos deberían. Nunca debería ser al revés. No tenemos misión propia, participamos de/en la misión de Dios.

La Biblia, entonces, nos revela un Dios con propósito = misión y un pueblo con propósito = misión. Y eso, en esencia, es a lo que me refiero con misión en esta ocasión. O, dicho de forma más directa: a la luz de los propósitos del Dios que encontramos en las Escrituras, ¿cuál es nuestra identidad y misión? ¿Quiénes somos como pueblo de Dios y cuál es nuestro propósito aquí? Espero que estas preguntas encuentren mejor respuesta al final de nuestro recorrido.

Por:
Floriano Ramos Esponda

El Dr. Floriano Ramos Esponda, mexicano, es Lic. en Biología, y se graduó en Teología de SETECA (Gt.), Southeastern Baptist (CN), Midwestern Baptist (Kansas). Ha sido pastor y profesor de Teología en México, fundador y director del Ministerio Misional y simple.

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