
“Al SEÑOR he puesto siempre delante de mí; porque está a mi mano derecha no seré movido. Por tanto, se alegró mi corazón y se gozó mi lengua. También mi cuerpo descansará en seguridad. Pues no dejarás mi alma en el Seol ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias en tu diestra para siempre.” (Salmo 16:8-11 RVA2015).
Hay bendiciones futuras que resultan de ser preservados en Dios: nuestro cuerpo descansará en esperanza, nuestra alma no será abandonada en el infierno porque el Santo (Jesús) no vio corrupción, seremos preservados en el camino de la vida, hallaremos plenitud de gozo en la presencia de Dios y encontraremos placeres para siempre a la diestra de Dios. Así que, tengamos confianza en la liberación futura que Dios nos dará (16:9-11).
Evidentemente, David había recibido una revelación especial del Señor: que no moriría entonces, sino que escaparía de cualquier angustia que estuviera padeciendo (v. 7a). La frase «se alegra mi corazón» significa que David se regocijó de que su gloria como persona viva, bendecida por Dios, seguiría siendo una fuente de gozo para él. Por supuesto, David no quiso decir que viviría para siempre, evitando la muerte. Solo quiso decir que no moriría entonces. David era el «santo» de Dios (v. 10) en el sentido de que Dios lo había apartado para un propósito especial y porque su vida era, en efecto, de Dios.
El salmista contaba con que Dios le daría mayor revelación sobre el camino a seguir para experimentar la vida en lugar de la muerte. Este camino lo llevaría finalmente a la presencia de Dios, donde el gozo de David sería completo. Placeres infinitos vendrían de la diestra de Dios (v. 8b). El que se refugia en el Señor (16:1), ha recibido una herencia inimaginable e inescrutable.
Los apóstoles Pedro y Pablo vieron en los versículos 8-11 y 10b, respectivamente, profecías sobre la resurrección de Jesucristo (Hechos 2:25-28; 13:35-37). Pedro citó los versículos 8-11 el día de Pentecostés como una profecía mesiánica: “Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí, porque está a mi derecha, para que yo no sea sacudido. Por tanto, se alegró mi corazón, y se gozó mi lengua; y aun mi cuerpo descansará en esperanza. Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de alegría con tu presencia.” (Hechos 2:25-28 RVA2015). Estas palabras eran ciertas respecto a Jesucristo. Se aplican a él.
Pablo citó este salmo en su exposición bíblica en Antioquía de Pisidia: “Nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios nos ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.” Y en cuanto a que lo levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: “Os daré las misericordias fieles de David.” Por eso dice también en otro salmo: “No permitirás que tu Santo vea corrupción.” Y a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Pero aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree”.
(Hechos 13:32-39 RVR95).
El Salmo 16 predijo la resurrección del Rey. Como profeta, David declaró que, no en su primera venida, sino en algún momento posterior a su muerte y resurrección, el Mesías asumiría el trono davídico. Hechos 2:25-31, Lucas 1:32-33 y Hechos 15:13-17.
Lo que David confiaba que Dios haría por él, es decir, librarlo de la muerte, fue lo que Dios también hizo por su hijo más grande, el Señor Jesús. En el caso de David, Dios lo hizo posponiendo su muerte, pero en el caso de Jesús lo hizo resucitándolo. Lo que David confiaba en que Dios haría por él, Dios también lo hizo por Cristo, solo que de una manera diferente. Esta es una de las pocas referencias claras a la resurrección en el Antiguo Testamento (Isaías 26:19; Daniel 12:2).
Como cristianos que leemos este salmo hoy, también regocijémonos en la verdad bíblica de que el Señor preservará a quienes se refugian en Él. Dios incluso nos librará de la muerte, quizá prolongando nuestras vidas temporalmente como lo hizo en el caso de David, pero definitivamente resucitándonos como lo hizo con Jesucristo (1 Cor. 15:20; 2 Cor. 5:8; Fil. 1:23). (FRE).

El Dr. Floriano Ramos Esponda, mexicano, es Lic. en Biología, y es graduado en Teología de SETECA (Gt.), Southeastern Baptist (CN), Midwestern Baptist (Kansas). Ha sido pastor y profesor de Teología en México, fundador y director del Ministerio Misional y simple.














