
(Mateo 28:19-20)
Alguien ha dicho que “El compromiso sin actuación tiene el mismo valor que una bicicleta sin ruedas; no lleva a ninguna parte”. Y es que al tomar un compromiso con un valor que se anhela, es comenzar a andar por un camino para conseguirlo, y para jamás salir de él.
Se ha comparado al compromiso con una semilla; en el que la perseverancia es su alimento, su agua, el abono; y su logro es la planta, el árbol fecundo. Como cristianos bautistas se nos llama a siempre revisar el proceso de nuestro compromiso con Dios y su misión.
En varios pasajes bíblicos se hace referencia al compromiso de todo cristiano en las diferentes vivencias que experimentamos y relacionamos: el hogar, la iglesia, la comunidad, nuestro cuerpo y nuestras relaciones inter personales (Ef. 6:5; He. 10:25; 1. Co. 6:19, 31). Las Sagradas Escrituras, además enseñan como compromiso base de nuestra fe y vida, el que hacemos con Dios mismo. El Hijo dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento» (Mt. 22:37).
Jesús confronta nuestro compromiso como superior a que se tiene para con la propia familia. «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo» (Lc. 14: 26-27). ¡Vaya compromiso! Nuestras relaciones familiares pueden romperse. Es decir, el compromiso con Dios, en el caso que se presente la opción, es de apartarnos de los queridos para seguir a Jesús (Lc. 12:51-53).
Continuando con el segundo gran mandamiento, semejante al primero es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt. 12:39). Si tenemos la correcta relación con Dios, no habrá problema en cumplir todos sus mandamientos, que hacen referencia al amor al prójimo, y que contempla la Gran Comisión (Mt. 28:18-20).
“… vayan y hagan discípulos a todas las naciones; bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enséñeles que guarden todas las cosas que Yo les he mandado; Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:19-20). Hacer discípulos, bautizarlos (símbolo de compromiso), dar la enseñanza de lo que demanda Cristo en el compromiso con la misión divina.
“el fin del mundo” hace ver un compromiso de por vida con el Señor de la Historia. Mientras las iglesias bautistas sigan el camino indicado, obedeciendo la Palabra, estarán cumpliendo el propósito de Cristo en el mundo, en el que todo llegará a su culminación un día; mientras tanto debemos estar comprometidos con la Misión.
Pablo es modelo de compromiso con el Señor en el sacrificio y el servicio. Él dijo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas, vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga. 2:20). Él cumplió con el compromiso de vivir por el Señor y de llevar el evangelio a los gentiles, como su apóstol solícito y fiel.
El compromiso total con Dios significa que Jesús es nuestra única autoridad, la luz que nos guía y la brújula que no falla. Que la misión dada, ahora como Convención de Iglesias Bautistas, nos constriñe a ser de su reino dignos embajadores, para dar buenas nuevas cumpliendo así con mostrar el amor a Dios y a nuestro prójimo.
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Lucas 9:23

El Arq. Edgar Armando Díaz, es miembro de la Iglesia Bautista Bethania, Barrio San Pedro, zona 5, Guatemala; Es el director de la revista Vivencias Bautistas y ha escrito cantidad de artículos y poemas de carácter bíblico y secular.











