
(1. Co. 15:58)
Este es un texto bíblico base, que es en sí un desafío tras esbozar su contexto, el más largo en torno a la resurrección de Jesucristo, que proclama que, gracias a la resurrección del Hijo, todo esfuerzo y sacrificio que se realiza en la obra del Señor vale la pena. Y ninguna labor realizada en el nombre de Jesús es un desperdicio.
El contexto, da importancia a la resurrección de Cristo, que se refleja en la resurrección de los creyentes. Sí, Pablo evidenció los puntos que confirman la resurrección de Jesús en la iglesia (15:1-2); en las Escrituras (3-4); por los testigos oculares (5-7); por supuesto en el mismísimo apóstol (8-10); y en el mensaje dado en común (11). Entonces trata de que, si fehacientemente creemos en la resurrección del cuerpo, lo usaremos en el presente para glorificar a Dios (29-34). Cada bautista debe adorar y servir al Señor con su ser integral.
En cuanto al título articular, se reconoce que Pablo estuvo cerca de la milicia (Hch.23:27; 27:1, 31, 43), y utilizó este tema para hacer una analogía con lo que debe ser la vida cristiana. Lo hace en referencia al carácter militar (2. Co. 10:3-4; 1. Ti. 1:18; 2. Ti. 2:4), así como a la estructura organizativa (tropa Hch.23:27; centurión Hch.27:1, 43; soldado 1. Co. 9:7; 2. Ti. 2:3; armadura Ef. 6:10-17), por lo que las referimos al título de Unidad, Firmeza, y Comisión.
UNIDAD.
La unidad es un valor que Pablo llama a mantener siempre, él exhorta en el nombre del Señor Jesucristo, a ponerse de acuerdo, a ser de un mismo sentir, a evitar los disensos, a estar plenamente unidos en la misma mente y parecer (1. Co. 1:10), esto, escrito a la iglesia de Corinto donde las divisiones eran sintomáticas, como ocurre hoy en muchas iglesias que olvidan la base de la fe en la expiación hecha por Cristo, para discutir asuntos de la periferia. Cuando hay centralidad en la muerte y resurrección de Cristo, las controversias no surgen tan fácilmente.
Ya, el Señor en la “Oración por la Unidad” pedía por los que han de creer por medio de la palabra de los apóstoles: “Para que todos sean uno, así como Tú, oh, Padre, en Mí, y Yo en Ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste”. (Juan 17:21). Y lo rogaba, antes de que la compañía militar lo arrestara, con un Judas traicionero, con la negación de Pedro y el temor de los otros que amenazaban colapsar la unidad vivida.
El mismo llamado es hecho a los miembros de nuestras iglesias hoy y siempre: manténganse unidos para el alcance de los propósitos en la planificación santa. Vamos pues, unidos en el liderazgo como Aarón y Hur sosteniendo los brazos de Moisés, unidos cooperando como los cuatro que cargaron a su amigo paralítico para llevarlo ante Jesús, y unidos en vigilancia como lo hizo Nehemías y sus guerreros construyendo, pero con la espada desenvainada.
FIRMEZA.
Firmeza se entiende como entereza, constancia, fuerza moral de quien no se deja dominar ni abatir; es la persona estable, fuerte, que no se mueve ni vacila. La firmeza es otra petición hecha a los cristianos más allá del nivel al que lo hacen lo soldados. Ciertamente ellos se mantienen firmes en el orden cerrado y en las batallas, más, Pablo se goza “… mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo”. (Col. 2:5).
La firmeza para el apóstol conlleva cinco órdenes a cumplir: permanecer vigilantes, mostrarse inquebrantables, adquirir madurez, estar fortalecidos y ser amorosos (1. Co. 16:13-14), las cuatro primeras son infaltables en el ejército de una nación, pero en la militancia con Cristo, el quinto, el amor es indispensable, porque es el que distingue a su Capitán como atributo suyo, y con el cual se ganan las batallas de conquistar a otros para su reino.
MISION DE DIOS
El gran mandamiento exige que nosotros amemos a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:37-39). Amar a Dios implica obedecer todos sus mandamientos e instrucciones. Amar al prójimo como a uno mismo se extiende a las interacciones con otras personas en nuestro ámbito, con una preocupación genuina por el bienestar de los demás.
Es por ello que los creyentes tienen la oportunidad de vivir la Gran Comisión (Mt. 28:18-20), compartiendo el amor de Cristo con palabras y obras. Esta misión de Dios ordena a los creyentes que vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que Cristo mandó. Y no se limita a la labor misionera vocacional, sino que se extiende a todo seguidor de Cristo.
Al vivir la Gran Comisión compartiendo el amor de Cristo con palabras y obras, se pondrá en fuga a ejércitos enemigos (He. 11:34); y en el cielo se verá a la milicia espiritual (Ap. 19:14) con gallardía y vestiduras regias, formado por la iglesia (He. 19:8), los santos atribulados (7:13), los soldados del Antiguo Testamento (Jud.14), y hasta por los ángeles (Mt. 25.31), ya para reinar con Cristo.
CONCLUSIÓN
COMO cristianos primero, y como asociados en una Convención Bautista segundo, debemos buscar en obra y praxis la unidad tan deseada en estos días difíciles, por las influencias externas. No dejándonos dominar por el entorno, sino estar con firmeza en las instrucciones de nuestro capitán, de quien recibimos convicciones profundas. Esto para lograr los propósitos de la gran comisión que en nuestro caso particular están definidas en el Plan Estratégico de la CIBG.
El Arq. Edgar Armando Díaz, es miembro de la Iglesia Bautista Bethania, Barrio San Pedro, zona 5, Guatemala; Es el director de esta revista y ha escrito cantidad de artículos y poemas de carácter bíblico y secular.
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