La inmanencia de lo Trascendente

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

(Is.57:15)

En estas fechas se suele pensar en el Mesías nacido, aquel pequeño niño cuyo rostro albergaba la más pura inocencia, ese niño que después llevaría en sus hombros la culpa de todo el género humano. Si, en ese niño en quien yo creo que se encuentra la más clara representación del deseo divino por relacionarse con el hombre, el más claro ejemplo de Dios extendiendo su mano a la humanidad.

Dios es Trascendente en cuanto a que es Independiente y Superior a Su creación, es externo a las condiciones humanas y no se somete a las leyes de la materia, el espacio y la temporalidad. En esto comprendemos que el Dios de nuestra fe es Supremo Creador que no necesitó ser creado, sino que existe en sí mismo.

Pero Dios también es Inmanente, en cuanto a que se relaciona y esta cercano a sus criaturas, El se relaciona con la obra de sus manos y es íntimo al hombre, sin necesidad de abandonar así su Altísimo nombre, y su Santidad.

Me encanta como lo describe San Agustín en el libro lll de sus confesiones:

«Tú estabas dentro de mí, más interior que mi interior, y más alto que mi cumbre.»

Este contraste no implica ninguna contradicción, tampoco se trata de distintos dioses que se comparten las tareas para que uno de ellos sea el Santo mientras el otro cumple su misión de relacionarse con los hombres. Se trata de Un Solo Dios, que se relaciona con el mundo, que extiende su mano a los mortales, y que al mismo tiempo es Altísimo y sobrepasa todos los límites de nuestro conocimiento. (Isaías 57:15).

La mayor representación de la cercanía de Dios a su ser creado (el hombre) es Su encarnación, el gran hecho histórico que en estas fechas recordamos, la llegada del Mesías, y la forma en que El Salvador vino a la tierra de los mortales. El inicio de nuestra redención.

Es popular el hecho de que el Hijo de Dios nació en un pesebre rodeado de animales, es incluso tradición en muchos lugares montar un “nacimiento”, una representación física del nacimiento de Jesús. Pero no se suele pensar mucho en que la llegada de José y María a ese pesebre fue una alternativa diría que apresurada ante el rechazo que recibieron en el mesón. Lucas dice que “no había lugar para ellos en el mesón”.

El mundo no tenía lugar para el Hijo de Dios. Cristo el Rey del cielo, por quien, y para quien todas las cosas fueron hechas, no fue recibido en una tierra creada por él. Este hecho fue solo el principio de una vida llena de humildad que Cristo vivió. El anduvo con pies iguales a los nuestros, padeció las mismas aflicciones físicas que muchos de nosotros, trabajo para su familia, tuvo sed, lloro.

¿Existe algún Dios más inmanente que uno que se hace hombre para salvar a los hombres?

También hay una muestra clara de cercanía y de inmanencia en las personas que Dios eligió para este hecho maravilloso de la encarnación. Podemos hablar de las personas que Cristo tuvo con Él durante su caminar por el mundo, que fueron pescadores, gentes del vulgo, marginados por la sociedad, verdaderos oprimidos.

Pero si vemos el principio de todo, su nacimiento, nos encontramos que Dios anunció este hecho tan importante a pastores humildes y magos extranjeros que ni siquiera pertenecían al pueblo de Israel, dando así un anuncio maravilloso: el pueblo de Dios ahora no será una raza, sino un estado del corazón.

¡Qué buena noticia para nosotros, y que muestra más clara de su inmanencia! Ahora los pueblos podrán encontrar en Cristo el anhelo más profundo e intrínseco del ser humano, su necesidad de Dios, expresada, por ejemplo, por los filósofos que existieron antes de estos hechos:

«Hay algo que mueve sin ser movido, algo eterno y que existe por necesidad, y ese algo es Dios.» (Aristóteles, Metafísica, Libro XII).

Ese Dios del que el ser humano siempre ha de necesitar, y que sin el no puede alcanzar la plenitud, se hace hombre y se anuncia por medio de los humildes de corazón

¿Hay un Dios más inmanente que aquel que deja ver su gloria a los pueblos de la tierra, y trae a si a todos sin importar sus etnias, su tradición, o su posición social?

El nacimiento de Cristo es un hecho maravilloso en la historia de la redención. El Todopoderoso se hizo humilde carpintero, El dueño del universo fue a nacer a un establo porque no le permitieron entrar en alguna casa, algún rincón, El que por la eternidad ha sido adorado por hermosos ángeles, es adorado ahora por pastores cansados y magos gentiles, el Verbo se hizo carne, Dios se hizo hombre, El Eterno Inmutable se vistió de lo perecedero, Lo Trascendente se hizo Inmanente por nosotros. Jesús nació.