
(Lucas 1:3)
La palabra “éxodo” significa “salida” y se refiere principalmente a la salida de la esclavitud de Egipto hacia la libertad, rumbo a la tierra prometida por medio de Moisés. Este gigantesco éxodo quedó registrado en este libro que lleva su nombre, donde interviene Dios de manera directa para formar para sí un pueblo propio.
En la historia de la humanidad hubo muchos éxodos debido a diferentes causas: sea por las guerras y la ocupación de territorios, o sea por el hambre, las sequías la escasez de alimentos o por la búsqueda de mayores oportunidades de trabajo y progreso.
El siglo XX fue llamado “el siglo de los éxodos” por la cantidad de destierros o el exilio de comunidades enteras que fueron forzadas a abandonar sus tierras. Uno de los mayores fue el de Armenia durante la Primera Guerra Mundial y fue considerado el primer genocidio del siglo veinte. Actualmente, más de 2 millones de personas han huido de Ucrania debido a la invasión rusa, abandonando sus trabajos, sus hogares, y quedándose los hombres para luchar.
En Argentina, (23/1812) El general Manuel Belgrano a cargo del Ejército del Norte al ser notificado que un numeroso ejército español o realista bajaba del Alto Perú, ordenó la retirada obligando a toda la población dejar el campo raso frente al enemigo; así que se llevaron todo el ganado, alimentos, mercaderías y prendieron fuego a todas las casas, para avanzar hacia Tucumán que estaba a unos 360 kilómetros. Y posteriormente, el General Belgrano derrotaría a los españoles en la batalla de Tucumán, pudiendo regresar a sus lugares para reconstruirlos.
Hay cosas que a veces no se entiende si no se vuelve al origen. Por ejemplo: cuando uno enciende el televisor y comienza a ver una película que se había iniciado hace una hora. La historia nos atrapa, pero también nos confunde porque no la vimos desde el comienzo, es decir, desde el origen. Y la única manea es hacer retroceder la grabación para ver el comienzo de la película, y al ver el comienzo, el origen, todo cobra sentido, y decimos “Ahora sí, ahora entiendo toda la trama de la historia”
Lucas, el autor del tercer evangelio, se había dado cuenta que el evangelio de Marcos, que había sido escrito antes y estaba circulando en las comunidades cristianas, comenzaba con Juan el Bautista y el bautismo de Jesús, y no contaba nada sobre el nacimiento de Jesús, ni quien era su madre, ni de su infancia. Así que resolvió hacer una investigación cuidadosa, hablando con los testigos presencias y a volver a escribir el evangelio, comenzó así “me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo” (Lucas 1:3)
Lo mismo ocurre con las situaciones de conflicto. En algunos casos, las cosas no se resuelven porque nadie hizo mención del origen, es decir, cómo comenzó todo y por qué apareció el problema. Siempre que se dan explicaciones de lo que ocurrió sin tener en cuenta su origen, no se resuelve nada.
Por eso, alguien dijo acertadamente “¿Qué importancia tiene hacía dónde vas si no sabes de dónde vienes, si no conoces tus raíces, si no sabes quién eres? ¿Sobre qué bases construyes un camino sin un origen?
Todos sabemos que Moisés sacó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, pero pocos saber por qué fue esclavizado. Se da por sentado que eran esclavos, pero ¿por qué se convirtieron es esclavos después de José quien los favoreció tanto? Hay un, por lo tanto.
Alberto Prokopchuk, es pastor en una iglesia grande de Buenos Aires, Argentina, es un potente predicador y maestro de la Biblia. Ha sido presidente de la Unión Bautista Latino Americana. (en Sigamos Adelante con la Misión)
Suscríbase al boletín de de noticias, recibirá actualizaciones de la revista Electrónica, noticias y eventos de la Convención de Iglesias Bautistas de Guatemala