
(Isaías 9:6)
La Navidad llega cada año como un recordatorio de esperanza. Las luces que adornan las calles, hogares y vitrinas son mucho más que decoración; son símbolos de una realidad trascendental: la llegada de la luz al mundo en medio de su oscuridad. Este simbolismo tiene raíces profundas en la Palabra de Dios. Isaías 9:2, 6-7 lo describe con fuerza: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; […] Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro;»
Este pasaje revela un mensaje que transforma nuestras vidas.
El término «oscuridad» en la Biblia alude tanto al mal como a la ignorancia. En el tiempo del nacimiento de Jesús, el mundo estaba marcado por injusticia, violencia, abuso de poder y sufrimiento. Esa descripción sigue siendo relevante hoy. Nos enfrentamos a pobreza, guerras y desigualdades que parecen insuperables. Además, esta oscuridad no solo está en el exterior; también habita en los corazones humanos, incapaces de encontrar soluciones duraderas por sus propios medios.
La sociedad moderna busca «luz» en la tecnología, la política y los avances científicos, como si estos pudieran resolver todos los males. Sin embargo, incluso con nuestros logros, los problemas fundamentales persisten. Václav Havel, expresidente checo, expresó que ni el capitalismo ni el socialismo pueden ofrecer una solución definitiva al sufrimiento humano. En sus palabras, «Se necesita una vuelta a Dios y una búsqueda de Él.»
Isaías profetizó la llegada de esta luz divina que vino de fuera de nuestro mundo: Jesucristo. Él es descrito como «Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.» En Jesús, la luz de Dios resplandece con vida, verdad y belleza.
La Navidad no es solo un tiempo de celebración, sino de contemplación. Nos recuerda que la humanidad no puede salvarse a sí misma. Necesitamos la intervención divina. La llegada de Jesús no solo ilumina nuestra oscuridad, sino que también nos invita a responder. Si Él es realmente Dios hecho hombre, entonces no podemos permanecer indiferentes. Debemos elegir entre servirle con todo nuestro ser o rechazarle.
Jesús, como Consejero admirable, entiende nuestras luchas porque las vivió. Experimentó pobreza, dolor y abandono. Su encarnación no fue solo un acto de empatía, sino un sacrificio para salvarnos. Esa verdad debería inspirar no solo obediencia, sino adoración.
Jesús es la luz que el mundo necesita desesperadamente. Él ofrece vida en lugar de muerte, verdad en lugar de confusión y belleza en lugar de desesperanza. En esta Navidad, recordemos que no podemos crear la luz por nuestra cuenta. Debemos mirar hacia Aquel que vino a salvarnos y recibir Su luz con gratitud.
Fuente: Tomado y adaptado de la sección «HA RESPLANDECIDO UNA LUZ» del libro: La Navidad oculta Por Timothy Keller – Grupo editorial B&H
Timothy Keller, reconocido autor y pastor, ha dejado un impacto duradero en millones de personas a través de sus libros que abordan temas cruciales de la fe y la vida.
Suscríbase al boletín de de noticias, recibirá actualizaciones de la revista Electrónica, noticias y eventos de la Convención de Iglesias Bautistas de Guatemala