
(Sal. 8:1-9 NTV)
Bien pudo David escribir este salmo cuando se encontraba pastoreando su rebaño bajo los estrellados cielos de Palestina o, por la profundidad de su reflexión, cuando reinaba desde su casa real en Jerusalén. Este es uno de los llamados himnos de alabanza o salmos de creación. Como quiera que haya sido, lo importante es que en él se nos recuerdan tres actitudes y acciones que debemos tomar ante la grandeza de Dios:
PRIMERO, DEBEMOS ALABAR A DIOS POR SU MAJESTAD Y SU PODER MANIFESTADOS EN LA CREACIÓN (v.1b,2).
“¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra, que has desplegado tu gloria sobre los cielos! Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido tu fortaleza, por causa de tus adversarios, para hacer cesar al enemigo y al vengativo.” (Salmo 8:1-2 LBLA).
Reconozcamos la trascendencia de Dios. Dios es grande y su nombre es majestuoso, como lo evidencian los cielos y la alabanza de sus hijos. Es tanta la grandeza de Dios que no necesita mayor defensa en la tierra que la de los niños. Este salmo Jesús lo cita en Mateo. “Jesús entró en el templo y comenzó a echar a todos los que compraban y vendían animales para el sacrificio. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Les dijo: Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración”, ¡pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones!».
Los ciegos y los cojos se acercaron a Jesús en el templo y él los sanó. Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa vieron esos milagros maravillosos y oyeron que hasta los niños en el templo gritaban: «Alaben a Dios por el Hijo de David». Sin embargo, los líderes estaban indignados. Le preguntaron a Jesús: —¿Oyes lo que dicen esos niños? —Sí —contestó Jesús—. ¿No han leído las Escrituras? Pues dicen: “A los niños y a los bebés les has enseñado a darte alabanza”. (Mt.21:12-16 NTV).
SEGUNDO, DEBEMOS RECONOCER NUESTRA INSIGNIFICANCIA ANTE EL CREADOR Y ANTE TODO LO CREADO (v. 3,4).
“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido, digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?” (Sal. 8:3-4 LBLA).
Admitamos que el firmamento es creación directa de sus manos, y que este mundo es un sistema abierto al cual Dios puede entrar cada que le plazca hacerlo. Percatémonos de que a pesar de nuestra insignificancia, somos el centro de la atención y cuidado de Dios. Él nos cuida y vela por nosotros. No nos dejó a la deriva, sino que nos sustenta con su Palabra de poder y con su providencia.
TERCERO, DEBEMOS DAR GRACIAS A DIOS POR LA DIGNIDAD QUE NOS DIO SOBRE LA CREACIÓN (v.5-8).
“¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad! Tú le haces señorear sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos ellos, y también las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar, cuanto atraviesa las sendas de los mares.” (Salmo 8:5-8 LBLA).
Entendamos que Él nos coronó de honra y gloria. Esto se ve en la comisión que dio a Adán y Eva en Génesis 1. “Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo».
Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo».” (Génesis 1:26-28 NTV).
Aceptemos humildemente el señorío que Dios compartió con nosotros. El hombre es su mayor creación. El creador piensa en él y lo cuida. El ser humano es un poco inferior a los ángeles, está coronado de gloria y majestad y gobierna sobre la obra de las manos de Dios. Todas las cosas están bajo sus pies: animales, aves y peces.
No somos el centro del universo. Somos seres creados a semejanza de Dios, caídos en pecado, pero gracias a Dios, también redimidos y transformados. Un concepto sano y equilibrado de quiénes somos y qué papel desempeñamos en los planes divinos requiere de nosotros que:
Reconozcamos la majestad y el poder de Dios manifestados en su creación; consideremos nuestra pequeñez ante su persona y ante la creación; pero también tomemos en cuenta la dignidad que Dios nos dio sobre la creación. Si esto hacemos, diremos juntamente con el salmista: ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande y glorioso es tu nombre en toda la tierra! Alabemos continuamente y siempre a Dios por quién es Él, y por lo que ha hecho por nosotros. Dios es grande: El salmo concluye repitiendo la declaración inicial.
¿Qué aprendes sobre Dios en este salmo? ¿Qué aprendes sobre ti en este salmo? ¿Qué aprendes de este salmo que te ayudará a ser una persona conforme al corazón de Dios? (FRE).

El Dr. Floriano Ramos Esponda, mexicano, es Lic. en Biología, y se graduó en Teología de SETECA (Gt.), Southeastern Baptist (CN), Midwestern Baptist (Kansas). Ha sido pastor y profesor de Teología en México, fundador y director del Ministerio Misional y simple.













